Nota: Este documento fue originalmente publicado el 20 de Abril de 1997 (tenía yo 31 años), en el Diario El Telégrafo cuando estaba en manos privadas y en donde fui columnista algunos años. Se mantiene vigente.
En algún editorial anterior comentaba sobre el daño que hicieron las Leyes de Fomento a la Industria Ecuatoriana. Así es, lejos de contribuir a desarrollar una industria eficiente y por tanto un sector productivo importante, los empresarios -de esa época- prefirieron, al ver que el Estado les daba muchas facilidades, conformarse con lo que tenían y enviar su dinero al exterior, en lugar de reinvertir lo ganado en nuestro país. Alguna vez Francisco Swett, si no me equivoco, calculó en más de cinco mil millones de dólares los “ahorros” de los ecuatorianos en el exterior.
Pero, igual debemos de ser justos y toca mencionar que sí hubieron unos pocos empresarios que no sólo que manejaron correctamente sus finanzas, sino que aprovecharon correctamente las Leyes de Fomento Industrial con las exoneraciones tributarias que existían y con los llamados CATs –Certificados de Abono Tributario- reinvirtiendo sus ganancias, creando mano de obra y, lo que es más importante, confiando en su país. Así, vemos a industrias pesqueras, aceiteras, cerveceras, llanteras y productoras de jabón que tienen ganado un espacio importante en el PIB de nuestro país, y que han conseguido un sólido prestigio en el mercado local e internacional.
Pero no todo ha sido culpa de cierto sector empresarial ya que el Estado, o más bien sus Gobiernos, no han dictado políticas de país para que, con reglas claras y a largo plazo, pueda desarrollarse un importante sector industrial.
Si bien es cierto que quien debe de ganar es el país, tampoco es menos cierto, que con una justicia y una administración pública politizada y corrupta no se puede atraer, por ningún motivo, la tan ansiada inversión extranjera. En efecto, fallos judiciales retrasados, inmorales e ilegales; resoluciones administrativas con iguales características; y, decisiones amañadas son, sencillamente, actos de corrupción. Ya lo dijo alguien no sólo el dictar una sentencia sin ningún fundamento legal es corrupción, lo es también dictarla con retrasos que, en muchos casos, pasan los diez años de sustanciación.
Muchos dicen que uno de los motivos de la corrupción es la carestía de la vida y los bajos ingresos. Mentira. No es verdad que un Juez solicita “sus derechos” por los bajos sueldos o un funcionario administrativo “aceite” para que una Resolución se obtenga en la fecha que se necesita. No. Sencillamente se da porque quien va a un cargo público lo hace, única y exclusivamente, por tres motivos: contribuir cívicamente con su país; vanidad personal o aspiración política; o hacerse rico. De lo contrario no se justifica que hallan personas que se matan por conseguir un cargo burocrático por un mísero sueldo y otras que, de paso, ni lo cobran. De qué vivirán. No lo sabemos.Cómo nace la corrupción.
Esta nace, sencillamente, por una mala educación en el hogar. El colegio nos forma académicamente, pero es en el hogar en donde recibimos una formación sólida ética, espiritual y moralmente hablando. En un hogar de buenas costumbres encontraremos siempre personas con buenas costumbres.
Qué le podemos pedir a un chico que ha visto constantemente maltratada a su madre por su padre. Que ha visto a un padre ladrón o a una madre prostituta –por necesidad o vicio-. Que ha visto a un padre que abusa de sus hijas. Un padre o madre alcohólico o drogadicto. Un padre que permite que su hijo festeje la obtención de dinero sucio. En fin, un hogar desarmado moralmente. No lo podemos pedir nada y los veremos luego en los diarios en la crónica policial –si es pobre- o, de saco y corbata, acusado de corrupción –si es de los de cuello blanco-.
Antonio Pazmiño Ycaza
